A Juan Bautista lo mataron a sangre fría y por plata

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Saldivia, procesado por el crimen de Juan Bautista, declaró y confesó que Cristian Marshall fue el asesino del empleado municipal. En su testimonio narró la frialdad con la que, tanto él como el prófugo de la Justicia, actuaron esa madrugada. También confirmó que el móvil del homicidio fue el robo de dinero, al que accedió la víctima a través de un préstamo.  

A un mes del crimen del empleado municipal Juan Bautista, Pasa En Santa Cruz tuvo acceso a la declaración que realizó Saldivia, uno de los procesados en esta causa, en la que señaló a Cristian Marshall, quien se encuentra prófugo de la Justicia, como el homicida. En su testimonio dejó plasmado la sangre fría con la que actuaron esa madrugada del 6 de noviembre, cuando fueron a la casa de la víctima.

Según el imputado esa noche fueron al domicilio del empleado municipal a exigirle dinero. Saldivia se dirigió a la pieza, revisó todo, pero no encontró nada: “Dí vuelta todo, en ese momento seguía escuchando los gritos de Bautista y los golpes, no sé si le seguía pegando con la barreta o eran patadas y piñas”, agregando que al regresar a la cocina: “Cristian ya no tenía la barreta, no sé donde estaba”, y recordó que Bautista “estaba mirando para arriba, como tranquilo”.

En ese momento, dirigiéndose a su amigo, le indicó que su búsqueda fue infructuosa y le dijo, “vámonos, pero Marshall me muestra la llave de un auto, el de Bautista, y me dice fíjate”, a pesar de la insistencia de Saldivia por salir del lugar. Recordó que a pesar de las agresiones físicas, el municipal aún respiraba, y volvió a insistir con marcharse del lugar, pero: “Cuando salí de la casa, Marshall se quedó adentro con él, como unos tres minutos, yo salí y con la llave abrí el auto, me subí y me quede esperando”, a su cómplice.

Siguió narrando que cuando Marshall salió de la casa: “Se subió del lado del acompañante, yo manejé”, recordando que no sabe en que momento hizo una llamada con su celular, ni a quien, pero no fue el único, porque su secuaz también “llamó o le mandó mensaje de audio a una tal Romina a quien creo que le dijo ‘Me la mandé’, o si quería que le guarde unas cosas y ahí volvimos, no sé a dónde”.

Tras el brutal asesinato, Saldivia fue a la casa de su abuela de calle San Martín: “Llegué en mi auto, me bajé y me vi la sangre, me asuste y me cambié”. La ropa la dejó en una bolsa que tiró en el canasto de afuera de su casa. Se trataba de “un buzo blanco tipo canguro con capucha, el pantalón era corto de San Lorenzo y las zapatillas de color blanca”, aclarando que eran las mismas que “tenía mi hermano Figueroa, mi mamá nos había traído de Buenos Aires los mismos modelos, pero las de él eran negras, dos talles más, las mías eran talle 40, después de que tiré todo, me bañé y me acosté a dormir”.

Recordó que al día siguiente hizo su vida normal, fue a trabajar, pensó que no pasaría nada, porque cuando salió de la casa de Bautista, él estaba respirando: “Estaba con sangre, pero respiraba bien. De última, pensé que lo iba a mandar al frente a Marshall, que lo golpeó, no creía que se iba a morir”.

Por esta causa, aún permanecen detenidos Saldivia, empleado vial, Cristian “Pichu” Diaz –empleado municipal- éste es representando por el Dr. Carlos Muriete quien el día viernes solicitó el sobreseimiento de su defendido.