La arbitrariedad gana espacio en la Jefatura de Policía

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De los cuatro superintendentes que estaban en condiciones de llegar al último escalafón de la Institución policial, solo tres accedieron a esta jerarquía, teniendo en cuanta que uno de ellos no pudo acceder debido a su carácter provisional. Estos ascensos generaron malestar dentro de la Fuerza ya que argumentan que hubo irregularidades a la hora de tratar a los comisarios.

En Noviembre del2016, el Jefe de la Institución Policial, calificaba de “injusto, el sistema que tenemos”, aludiendo al proceso de ascensos creado en la década del 70 y agregando que quizás haya sido óptimo cuando la fuerza contaba con  800 o 1.000 policías, pero ya con casi seis mil, terminaba siendo vetusto. En esa misma entrevista, prometió que buscaría sistemas “de otra policía, de otra fuerza y lo  vamos a adaptar para que el año que viene, no tengamos este problema”, señalando que en ese 2016 “no lo pude solucionar y tuve que trabajar con el sistema que teníamos, pero para el año que viene -2017- no voy a tener tantas quejas porque va a haber un sistema de concurso y oposición, y van a ascender los que tienen que hacerlo y va a ser lo mejor”.

Pero lo cierto, es que la realidad enfrenta a todos, incluso al Jefe de Policía, cuyos dichos, a pesar de haberlos pronunciado con desenfado y seguridad, sólo terminaron siendo simples palabras, sin demasiado significado, y es que en pleno 2018, aún persiste en la Policía el viejo y arbitrario sistema de ascensos, tan criticado, y lo que es peor, con innovadoras rarezas administrativas, como las dos convocatorias de los vocales de la Junta de Clasificación, la primera en el mes de noviembre y una segunda en el mes de diciembre, al solicitar el Comisario General (R) José Luis Cortes que se incremente el número de vacantes, causando el doble tratamiento de muchos de los postulantes.

En noviembre del 2016, en su despacho, el Jefe de Policía recordó que alguna vez participó de una junta: “uno trata de ser justo, pero si yo trabajé con un subcomisario y tengo que analizarlo a él y otro que está en Las Heras, que no conozco, a quien le voy a poner el 10? Capaz que el otro es mucho mejor, pero como yo trabajé con ese subcomisario, le voy a poner un 10 y al otro, un 9 porque no lo conozco”, dejando entrever la arbitrariedad del sistema, que aún persiste y que quedó reflejado en el ascenso del Subcomisario Lebrand, actual secretario del Jefe de Policía e hijo de la Presidente de la Cooperadora  del Instituto de Formación Policial, y es que en una oportunidad anterior, el (R) Comisario General José Luis Cortes, ya había mencionado que entre ascender a un efectivo que no conocía, y otro que era cotidiano a su despacho, nunca le surgirían dudas, lo que quizás nunca mencionó es a qué precio. Entendiendo que en este caso en particular, debió ampliar las vacantes, decidiendo revocar la primera decisión de la Junta de Calificación, en el mes de noviembre, para convocar nuevamente a los integrantes de la junta, que en esta oportunidad, volvieron a tratar a aquellos que habían quedado excluidos en un primer momento, junto a nuevos postulantes, constituyendo un hecho casi insólito para la institución policial. Este denodado esfuerzo permitió que hoy Lebrand  alcanzara la jerarquía de Comisario, lo cual no sería condenable, si no hubiese sido el resultado del capricho de integrantes de la cúpula policial.

Pero esta conducta improcedente alcanza a los escalafones más altos como es el caso de los titulares de las Superintendencias, cargos creados a partir de la implementación de la Ley de Seguridad Ciudadana.

La crítica de la película “La Liga de la Justicia”, daba cuenta del importante número de efectos visuales a lo largo de la cinta, un recurso que le permitió al director de cine, hacer parecer  grandioso un film, sin serlo. Una situación similar a lo que ocurre con los superintendentes, quienes solo tres de ellos alcanzaron el último escalafón de la Policía, pero termina siendo una obviedad difícil de refrenar.

En este sentido de los cinco superintendentes, cuatro estaban en condiciones de ascender, ya que uno de ellos cuando asumió lo hizo con jerarquía de general. En tanto el superintendente de Bombero fue tratado irregularmente por la Junta sabiendo que tiene una causa administrativa abierta.

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