Con un fallo dividido condenan a Leguizamón y Guaymas

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Por el delito de: “Robo Agravado por el uso de armas y por ser cometido en poblado y en banda”, Luis Guaymas y Faustino Leguizamón fueron condenados a la pena de cinco años, por el asalto contra la distribuidora Lon-Can ocurrido en el año 2015. Si bien el hecho quedó acreditado, el Dr. Joaquín Cabral -presidente de la Cámara- manifestó en su fallo que para poder declarar con certeza la culpabilidad de los imputados, necesariamente debe tener por acreditado el hecho pero también su autoría, lo que no ocurrió en esta investigación.

El martes, los integrantes de la Cámara Oral de la Primera Circunscripción de Río Gallegos, en un fallo dividido condenaron a Luis Guaymas y Faustino Leguizamón a la pena de cinco años, por ser considerados autores penalmente responsables del delito de: “Robo Agravado por el uso de armas y por ser cometido en poblado y en banda”, hecho ocurrido el 1 de abril del año 2015, contra la Distribuidora Lon-Can.

No fue unánime

El 1 de abril del año 2015, efectivos de la Comisaría Segunda de Río Gallegos, tomaron conocimiento que cerca de las 04:30 horas se había perpetrado un hecho en la Distribuidora Lon-Can de calle Ameghino 344, suceso que fue alertado por Carmen, encargada del local, quien además manifestó la modalidad con la que se efectúo y que incluso la tuvo como damnificada junto a sus hijos.

En su relato Carmen expresó que mientras se encontraba durmiendo en su casa junto con sus dos hijos, ingresaron aproximadamente cinco sujetos, con los rostros semicubierto y previo reducir con un cuchillo -de una hoja de 20 a 25 cm- a su hijo Germán, que se encontraba en la parte superior de la vivienda uno de los individuos la sacudió y le dijo: “Vos sabes para que vinimos, conocemos tus movimientos, quédate quieta ya tenemos a tu hijo arriba…” “…si haces todo bien no les va a pasar nada, vamos a la distribuidora, vos tenes la llave y sabes dónde está la plata…”

Luego le pidieron la llave de su auto, tres de ellos se subieron y se dirigieron a la Distribuidora, una vez allí Carmen desactivó la alarma, al hacerlo, llamó personal de Romero Sistemas alertado por la hora en el que se detectó el ingreso, Carmen le expresó -bajo presión de dos de los delincuentes- que estaba todo bien y que se había olvidado unos papeles.
Tras la entrega de $500.000, retornaron a su casa donde se encontraban atados sobre una cama su hijo Germán y su hija María. Junto a ellos la dejaron atada y previo revisar toda la casa se llevaron algunas cosas, entre ellas, la suma de $5.000, dinero que era de Germán.

Por su parte Germán, manifestó que se encontraba durmiendo en su habitación cuando lo despertaron dos sujetos manifestándole que tenían a su mamá y que sólo buscaban plata. Uno de ellos portaba un cuchillo –tipo carnicero- el que utilizaron para reducirlo, le encintaron las manos y lo bajaron a la habitación de su madre, donde había otras cuatro personas más y a su madre se la llevaron en el auto -de ella- a la distribuidora. Asimismo, expresó que de la casa los sujetos se llevaron algunas cosas y $5.000 que eran suyos.

La declaración de María concuerda con lo declarado por su madre, la joven narró que esa madrugada se encontraba durmiendo junto a su mamá, se despertó y advirtió la presencia de tres sujetos rodeando la cama, que uno de ellos le decía a su madre que irían al local comercial donde trabaja a buscar la plata, se la llevaron en su auto y a ella junto con su hermano la dejaron atada sobre la cama.

Luego de aportar los tres testigos las características fisonómicas de algunos de los sujetos que esa noche ingresaron a su casa, se realizaron los respectivos identikits, la que cierra cuando el 13 de junio de 2015, Carmen junto a su hija se hacen presentes en un local donde hacen parrilladas y observaron que uno de los sujetos tenia rasgos similares a uno de los autores del hecho, la mujer lo miraba para ver si le decía algo, pero éste se ponía nervioso y trataba de hablar agachando la cabeza. Al regresar a su casa y verificar la página de Facebook del comercio identificó entre las fotos a Faustino Leguizamón y a Luis Guaymas.

Ante lo expuesto, el Dr. Cabral manifestó que todo lo recolectado por la instrucción probatoria, si bien resultó suficiente a los fines de tener por cierta la probabilidad delictual requerida para esa etapa, entendió que no se avanzó en el marco cargo pre-constituido de manera suficiente como para alcanzar la certeza de culpabilidad requerida para condenar, y fundó su opinión centrándose en cada uno de los imputados, analizando las pruebas que obran en su contra y que lo sindican como autores del delito por el cual fueron llevados a juicio y cuál es el grado de culpabilidad que detentan.

En cuanto a Faustino Leguizamón, manifestó que los dichos de Carmen, quien unos meses después de producido el hecho fue junto con su hija a un local de comida y lo reconoció como uno de los sujetos que entró a su casa y participó del robo, fueron los que abrieron el grifo de la imputación y a partir de allí vino la realización de la rueda de reconocimiento que como era lógico pensar fue positiva, que se trataba de la misma persona que vio en el comercio de comidas. Luego en su declaración ante el Tribunal Oral, dijo que cuando vio a Leguizamón y le resultaron familiares los rasgos de su rostro, comenzó a mirarlo sin detenimiento hasta ponerlo incomodo, buscando, según ella, que le dijera algo, como por ejemplo, “señora que me mira… o algo así”, lo que la motivo a sindicarlo como uno de los autores.

En este marco, Cabral siguió manifestando que luego Carmen junto con sus hijos, entraron a la red social de Facebook del local, y en las fotos no solo vieron a Leguizamón, sino que a través de esa investigación doméstica identificaron a otro de los sujetos que habría participado del hecho que resultó ser Luis Guaymas.

Respecto a Guaymas, el presidente de la Cámara entendió que quizás haya más pobreza probatoria que en el caso de Leguizamón, en su imputación figura haber participado de un hecho con arma blanca en el marco de un acuerdo de banda delictiva que se apoderó de $500.000 en efectivo, de la firma Lon´-Can y del dinero de Germán –hijo de la encargada-.

¿Ahora cuáles son las pruebas qué aseguran la existencia de semejante participación criminal? Se preguntó Cabral e indicó que se animaría a decir que ninguna que tenga el grado de certeza que se necesite en esta instancia.

En este sentido expresó que en su caso la identificación de su persona fue a través de la red social de la parrilla en la cual trabajaba y el reconocimiento en rueda fue positivo como consecuencia acorde a tal antecedente visual, después de eso, “no hay ninguna otra prueba objetiva que comprometa su conducta”, señaló.

Respecto a la valoración de las declaraciones testimoniales de los hermanos y pareja de Faustino Leguizamón al igual que del testimonio de la pareja de Guaymas, el magistrado manifestó que se extrae como conclusión que el caso de ambos, después de ocurrido el atraco, donde se apoderaron de $500.000 y de otra suma más pequeña, “en nada cambio sus vidas, siguieron con las mismas necesidades económicas, rayando la pobreza y viviendo como comúnmente se dice ‘al día’”. En tal sentido, la propietaria de la casa que alquilaba Guaymas, dijo ante el Tribunal que era un hombre trabajador y que siempre estaba con su mujer y su hija pequeña y que tuvo que abandonar el alquiler porque no podía seguir pagándolo.
Considerando como elementos de cargo los reconocimientos en rueda de ambos imputados por parte de Carmen, Cabral se preguntó: ¿Qué otras pruebas los sindican de manera absoluta y cierta como co-autores del robo agravado por el uso de arma blanca y por el actuar en banda?, agregando que en el recorrido y estudio de los siete cuerpos de la causa, “al menos este juzgador, no las ha encontrado”.

En otro tramo de su voto manifestó que la valoración judicial debe ser extremadamente cautelosa para no caer en el error de decidir a la luz de lo que cree íntimamente el juzgador que pasó, descuidando y en consecuencia obviando lo que realmente se probó en la actividad investigativa. Siguiendo esta línea de pensamiento, para dejar la posibilidad de caer en decisiones arbitrarias, al criterio de la íntima convicción que implica decidir sin explicar los motivos que justifican la decisión (intimidad de la consciencia del juzgador) se le debe añadir el criterio de la libre convicción que significa sumar a la estructura intelectual, la objetividad enmarcada en lineamientos generales determinados por la psicóloga, la experiencia común y las reglas de la lógica y el recto entendimiento humano.

Frente a esta situación probatoria, Cabral sentenció: “No se ha podido obtener de la prueba una conclusión unívoca, en el sentido de no dar lugar a que existan dentro del mismo material de elementos que se contradigan entre sí o que pueda simultáneamente inferir la posibilidad de que las cosas hayan sucedido de otra forma. Para poder declarar con certeza la culpabilidad de los imputados, necesariamente debo tener por acreditado el hecho pero también su autoría lo que no ha ocurrido en esta investigación”

Por su parte la Dra. Vila y García coincidieron en el relato de los acontecimientos efectuado por el Dr. Cabral, mediante el cual tiene por acreditada la existencia del hecho investigada, ya que emerge de la prueba colectada en autos, más no con la conclusión a la que arriba respecto de la participación de los acusados, ya que entendieron que la prueba colectada durante la instrucción y la producida durante la etapa de debate permite concluir que tanto Guaymas como Leguizamón participaron del delito que se los acusa.